Entre los poderes del Estado, es una lucha de poder. El que lo detenta puede encarar los siguientes pasos fortalecido. Es un juego que se desarrolla desde los inicios de la humanidad. Pero la vanidad también nació con el hombre y entonces frente al espejo, cada uno trata de demostrar que es el más fuerte. ¿Y de otro lado del espejo? Una sociedad que mira atónita cómo los poderosos dirimen un partido con la necesidad como pelota.
Hasta hace dos semanas, el proyecto de la Policía Judicial estaba encarrilado. Había voluntad política de ponerlo en marcha. El impulsor era el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Antonio Estofán, ex fiscal de Estado de José Alperovich. Su amigo. Si hoy ocupa el sillón más alto del Alto Tribunal es por obra y gracia del gobernador. Tanto apoyo desvirtuaba cualquier tipo de negativa a un proyecto con el cual Estofán pretende quedar en la historia. Quiere que recuerden su paso por la Corte con obras trascendentes. Y optó por una de las más sensibles: la seguridad.
Estofán no estaba solo en esta lid. Lo secundaba uno de los políticos con más experiencia en la provincia. José Alberto Cúneo Vergés es parte del Poder desde la época de Fernando Riera. Su trato con Alperovich es directo. A más de uno le sorprendió que fuera él quien estuviera bosquejando el borrador del proyecto. Quedaba de lado Daniel Heredia, presidente de la comisión de Seguridad. Afinidad le llaman.
Fue Estofán quien le comentó a LA GACETA lo que se pensaba hacer. Y tiró una piedra contra el espejo. Las esquirlas se diseminaron y golpearon a quien estaba desatento. De pronto, los funcionarios del área de Seguridad advirtieron que tenían una herida abierta. Rápidamente, entonces, decidieron suturar y contraatacar.
Alperovich sintió que se le calentaban las orejas. Las sugerencias le llegaban por decenas. "Ni loco", fue lo más suave que escuchó. Tanto el ministro Mario López Herrera como el jefe de Policía, Hugo Sánchez se oponen tenazmente. Por eso, cuando en principio Alperovich había dado el si, después pasó al "no sé" y al "no estoy tan de acuerdo".
¿Cuál es el problema de fondo? El poder. Ni López Herrera ni Sánchez quieren que los lauros por los casos resueltos se los lleven otros. La Policía Judicial está destinada a investigar delitos. Y hasta ahora (en realidad desde hace 445 años) esa fue función de la Policía provincial. Para un uniformado no hay nada más importante que salir al frente de un caso resuelto. Su nombre asociado a una pesquisa exitosa. Si el proyecto de la Policía Judicial cuaja, eso ya no será así. Y la gloria se la llevarán los fiscales y los policías que trabajen con ellos.
El problema es grande. La actual gestión de Seguridad ha impuesto un régimen represivo más que preventivo en cuanto a los delitos. Todos los cañones están apuntados a detener al criminal, y no a evitar que concrete el ataque. Y entonces quienes se oponen a la nueva dependencia jugaron fuerte. "Si esto se hace, ningún policía va a querer salir a la calle", llegaron a decirle al gobernador. Una locura.
Alguien le hizo saber a Estofán que había pajaritos más molestos que el de la publicidad de tostadas revoloteando alrededor del gobernador. Y el presidente de la Corte salió a poner paños fríos. "No queremos competir con nadie", dijo. Y luego aclaró, sin darse cuenta tal vez de que oscurecía. "Pretendemos que la custodia del Palacio de Tribunales esté en nuestras manos. Que los policías que trabajan en el Poder Judicial dependan de nosotros", afirmó. ¿Cree que hay ?topos?? La situación del oficial Miguel Sánchez, que trabajaba en la Alcaidía de Tribunales caló hondo. El hombre se valía de los datos que obtenía en ese puesto y armaba violentos asaltos con algunos de los delincuentes que pasaban por su oficina, según afirmó la Justicia luego de su detención. Llegó a estar en la mira el presidente subrogante de la Legislatura, Regino Amado. Estofán no quiere otro caso similar. Por eso dejó en claro que le gustaría contar con técnicos especializados y profesionales para apoyar a los fiscales. Léase: la Policía Científica y la División Homicidios y Delitos Complejos, pero en una versión ampliada. Las dos áreas de investigación a las que más apostó la jefatura de Policía. Pretenden quitarle a sus hijos dilectos. Y como buenos padres, harán todo lo posible para que sus vástagos se queden a su lado, por más que el plan haya sido contemplado para beneficio de los vecinos. Las experiencias en el país y en el mundo así lo demuestran. Una policía para cuidar, y otra para investigar. Cada uno por su lado tratando de hacer lo mejor posible su trabajo.
En el medio, la sociedad mira incrédula. El poder del Estado no los contempla. Los arrebatos y los robos siguen en auge, y parece no haber forma de adelantarse al delincuente. Es más fácil detenerlo después, aún sabiendo que en pocos días saldrá en libertad. Y en ese caso echarle la culpa al Poder Judicial. Una lucha de nunca acabar.